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Enfriar el cuerpo para proteger el cerebro, tras un paro cardíaco
Llevar el cuerpo a una temperatura entre los 32 y los 34º C disminuiye la incidencia y magnitud de las secuelas neurológicas provocadas por un paro cardíaco
Se hace en los Estados Unidos, pero es una novedad en el país. Llevar el cuerpo a una leve hipotermia luego de un paro cardíaco, ayuda a disminuir el consumo de energía del cerebro, lo cual mejora su funcionamiento, facilita su reposo y reduce las secuelas neurológicas.
Siguiendo un estándar de cuidado en el mundo desarrollado, la Terapia Intensiva del Hospital Universitario Austral (HUA) empezó a implementar una técnica de enfriamiento de las víctimas de un paro cardíaco, con el fin de disminuir la mortalidad y las secuelas cerebrales. Los médicos llevan el cuerpo a una hipotermia leve, entre los 32 y los 34 ºC.
Como apagar la calefacción para ahorrar energía; así funciona el enfriamiento. El cerebro consume menos energía, situación que mejora su funcionamiento y facilita su reposo. “Esto es fundamental, porque luego de un paro cardíaco el cerebro sufre la falta de flujo sanguíneo, pero también sufre cuando recupera la sangre. La mayor parte del daño cerebral en los pacientes resucitados ocurre cuando la sangre oxigenada circula nuevamente al cerebro, lo cual produce una respuesta inflamatoria exacerbada. Al bajar la temperatura corporal, disminuye la acción de la inflamación sobre las neuronas”, explicó el Dr. Pablo Pratesi, Jefe de la Terapia Intensiva de Adultos del HUA.
Llevar el cuerpo a una temperatura entre los 32 y los 34º C disminuiye la incidencia y magnitud de las secuelas neurológicas provocadas por un paro cardíaco.
Lo óptimo es que la hipotermia se aplique rápidamente, luego de la resucitación de la persona, para reducir la incidencia y la magnitud de las secuelas neurológicas que padece alrededor de la mitad de quienes sufren un paro cardiorrespiratorio. “Es como el airbag al auto: no previene el hecho, pero disminuye sus consecuencias”, comparó el Dr. Pratesi.
Más allá de sus beneficios, el enfriamiento se aplica en un tiempo limitado; pronto se procede al recalentamiento. “Existen equipos capaces de bajar 1 ºC de temperatura por hora durante 24 horas, para impedir que disminuya más. Luego se procede al recalentamiento a 0,5ºC por hora”, describió la Dra. Victoria Marquevich, residente de la Terapia, que realizó un programa de entrenamiento durante dos meses en el Massachussets General Hospital de Boston, Estados Unidos.
“Recién 72 horas después del recalentamiento somos capaces de estimar un pronóstico respecto a las secuelas cerebrales”, aclaró el Dr. Pratesi, y enfatizó que la reanimación cardiopulmonar (RCP) precoz es tan importante como el tratamiento posterior.
El frío: un recurso histórico
Ya en los tiempos de Hipócrates se describió el uso del hielo y de la nieve para las heridas de los soldados. Y luego de la Segunda Guerra Mundial, se publicó el primer artículo donde se hablaba de llevar a los pacientes con traumatismo de cráneo a temperaturas de 20 a 25º.
Con el tiempo, se llegó a la conclusión de que la hipotermia leve podía acarrear beneficios para la salud. “En el 2002 se publicaron dos artículos que mostraban los resultados de la inducción a la hipotermia leve en personas que habían sufrido un paro cardíaco. Quedó claro que los pacientes tenían una mejor evolución neurológica a los seis meses y una mayor sobrevida”, comentó el Dr. Pratesi.
“Estamos finalizando el entrenamiento para estar en condiciones de brindarle esta posibilidad a la población, y tal vez a otros pacientes que hayan sufrido un accidente cerebrovascular, un traumatismo de cráneo u otros. Hoy sabemos que resulta en pacientes con paro y, por el momento, aplicaremos el tratamiento a este grupo”, concluyeron el Jefe de la Terapia y la Dra. Marquevich.
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28/4/16
8/9/15
Mariguana y alcohol, una bomba para el cerebro [8-9-15]
Mariguana y alcohol, una bomba para el cerebro
El consumo habitual de cannabis combinado con alcohol u otras sustancias como cocaína o anfetaminas, podría potenciar el riesgo de trombosis cerebral, según un estudio del Hospital del Galdacano (Vizcaya). La investigación se centró en el caso de un hombre de 35 años con buena salud que sufrió tres episodios de infarto cerebral después de haber mezclado cannabis y alcohol.
."El paciente analizado fue un profesor de escuela primaria, de 36 años, que llevaba una vida saludable: practicaba ejercicio físico regular, cuidaba su dieta, no tenía hipertensión y no fumaba. Sin embargo, había sido consumidor esporádico de cannabis en el pasado y no conocía los riesgos de infarto cerebral asociados a esta droga", afirma doctor Juan Carlos García-Monco, del Servicio de Neurología del Hospital del Galdacano (Vizcaya) y autor de la investigación.
Según el estudio publicado en Journal of Neurology Neurosurgery and Psychiatry, el paciente sufrió hasta tres casos de trombosis cerebral en menos de tres años, bajo circunstancias de consumo elevado de cannabis. El primer incidente sucedió después de haber consumido en una fiesta una gran cantidad de cannabis en combinación con otras cuatro bebidas de alcohol. A consecuencia de la trombosis cerebral, sufrió la pérdida temporal de la capacidad del habla y graves convulsiones. Una vez en el hospital, el escáner cerebral reveló restos de hemorragia y un coágulo sanguíneo, de los cuales se recuperó sin sufrir secuelas.
El segundo incidente cerebral sucedió un año más tarde. Después de fumar cannabis, el paciente volvió a perder la capacidad del habla y la sensibilidad en uno de los dos lados de su cuerpo. En esta ocasión, la lesión se produjo en un área cerebral distinta.
El último episodio sucedió después de 18 meses de abstinencia, cuando el paciente volvió a combinar una gran cantidad de alcohol con altas dosis de marihuana. En esta ocasión, los efectos de la trombosis le condujeron a una incapacidad para reconocer los sonidos también conocida como agnosia auditiva. El escáner reveló una zona con hemorragia y daños cerebrales previos.
Según el doctor García-Monco, "hasta la fecha sólo hemos contabilizado 15 casos de infarto cerebral como el del paciente investigado; aunque no sabemos el alcance exacto que puede tener en un futuro próximo porque el consumo de esta sustancia se extiende". En ese sentido, para la comunidad científica, "el siguiente paso es estudiar a fondo la estrecha relación entre el cannabis y el ictus ya que consideramos que no se le presta la atención que debería", concluye el científico". Frente a esta situación, la comunidad científica recomienda no mezclar el cannabis con otras sustancias drogodependientes y, en especial, con el alcohol, un vasodilatador por sí sólo.
Por otro lado, respecto al uso del cannabis en la práctica clínica, el doctor García-Monco asegura que "debería estar abalado por evidencias científicas significativas de los beneficios y de la ausencia de riesgos de esta sustancia en los pacientes tratados".
El ictus cerebral
El infarto cerebral o ictus es un trastorno súbito de la circulación cerebral, que dificulta la llegada de sangre a las arterias cerebrales e impide que lleguen a las neuronas el oxígeno y los nutrientes que necesitan para funcionar. El resultado puede ser desde la muerte súbita hasta la recuperación, pasando por diversos grados de incapacidad, a veces severos, que afectará la calidad de vida de sus víctimas.
La hipertensión es el principal factor de riesgo del ictus cerebral, seguido del tabaquismo, la hipercolesterolemia, la diabetes y el sedentarismo. Además, según los científicos, el uso o la combinación de ciertas drogas como la cocaína y el alcohol, podrían aumentar todavía más los riesgos de tener un accidente vascular-cerebral.
Hasta la fecha, según el doctor García-Monco, no existe un estudio de los efectos perjudiciales del cannabis por sí solo en relación al ictus cerebral. "Es difícil calificar su consumo exclusivo como factor de riesgo, ya que la población está expuesta a múltiples factores de riesgo en desarrollo de enfermedades", concluye el doctor García-Monco.
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