JAMA 2006;295:1404-1411 )
Además, los autores del artículo, de la University College London Medical School, advierten que esta enfermedad cardíaca tiende a ser en las mujeres más grave de lo que muchos médicos piensan, ya que en el sexo femenino está asociada a un mayor riesgo de muerte.
Sin embargo, las mujeres son sometidas en menor medida a pruebas para detectar la enfermedad. "Aquellas mujeres a las que se comunica que tienen angina de pecho y no son sometidas a una prueba de esfuerzo o a un angiograma deberían preguntar por qué", escriben los autores.
Utilizaron una base de datos de pacientes de Finlandia, que incluía a más de 56.000 mujeres y a más de 34.000 varones diagnosticados de angina. Ninguno de los participantes presentaba enfermedad coronaria al inicio del estudio en 1998. El seguimiento se realizó hasta 2004.
La incidencia de la enfermedad fue de 1,89 casos por cada 100 personas y año en mujeres y de 2,03 casos por 100 en varones, diferencia que no fue estadísticamente significativa.
El estudio indica, además, que a cualquier edad la angina se asocia tanto en varones como en mujeres a un incremento del riesgo de muerte por causa cardíaca en comparación con la población general sin la enfermedad..
También confirma que las mujeres afectadas tienen menos probabilidades que los varones de ser sometidas a pruebas de detección, y que aquellas que sí son sometidas a tales pruebas presentan mayor riesgo de muerte cardíaca que los varones con angina.
Webs Relacionadas
University College London
JAMA
Saludos Cordiales
Dr. José Manuel Ferrer Guerra
Salud Vascular. Investigaciones y Articulos Medicos relacionados al sistema vardiovascular, consejos para prevenir enfermedades y mejorar tu calidad de vida.
19/6/06
18/6/06
Diagnóstico precóz del accidente cerebrovascular
Desde la revisión original sobre accidente cerebrovascular (ACV) publicada hace más de una década, muchas cosas han cambiado. Lo que no cambió es el enorme costo de personal y las consecuencias económicas del ACV. Los costos estimados en el 2005 se calculan en 56.000 millones de dólares, solamente en los Estados Unidos, debido a que más de 700.000 personas presentan ACV, de los cuales un tercio es una recidiva. Por todo esto, el ACV es la tercera causa de muerte en los países desarrollados.
Diagnóstico precoz del ACV
A pesar de las técnicas no invasivas, el examen clínico del paciente es más importante que nunca porque actualmente se dispone de enfoques terapéuticos para el tratamiento y la prevención.
La evaluación rápida del paciente con síntomas neurológicos comienza en el lugar donde se lo encuentra y es realizada por los paramédicos o el médico de primeros auxilios. La rapidez del diagnóstico y las decisiones son importantes porque el cerebro tolera la isquemia grave durante escasos minutos y los beneficios del tratamiento trombolítico, como el activador tisular del plasminógeno (tPA), se reducen sustancialmente cuando se inicia el tratamiento después de las tres horas de transcurridos los primeros síntomas.
Cuando el paciente con ACV ingresa al hospital, un examen neurológico estandarizado junto con estudios por imágenes establece los subgrupos de pacientes que pueden beneficiarse con tratamiento trombolítico o empeorar con dicho tratamiento.
Precisión del diagnóstico
Estudios de cohorte prospectivos determinaron que la presencia de cualquiera de los tres signos: paresia facial, limitación o falta de movimiento de un brazo y disartria o afasia, son los más útiles para diagnosticar ACV. La sensibilidad de uno de estos signos es del 100% y la especificidad es del 88%. Estos signos tienen particular importancia cuando el paciente es > 45 años, no tiene antecedentes de convulsiones, los síntomas tienen < 24 horas de duración, el paciente no estaba postrado ni en silla de ruedas y la glucemia es entre 60 y 400 mg/dl. La confusión diagnóstica se puede hacer con: convulsiones, estados de confusión, síncope, toxinas, tumores y hematoma subdural.
Isquemia cerebral transitoria
La isquemia cerebral transitoria (ICT) se define como un déficit neurológico focal que persiste por menos de 24 horas. Debido a que la mayoría de las ICT duran menos de 4 horas, el diagnóstico se basa sobre el interrogatorio y menos en signos clínicos. La importancia de la ICT es que tiene alto valor pronóstico de un futuro ACV a corto o largo plazo. En un estudio sobre 1707 pacientes evaluados en servicios de emergencia con el diagnóstico de ICT, 5,3% tuvieron ACV dentro de las 48 horas y 10,5% lo tuvieron dentro de los 90 días.
Precisión del diagnóstico y localización cerebral de la lesión
Los médicos deben tratar de definir si un ACV es hemorrágico o no, ya que el tratamiento es totalmente diferente para cada uno. La tomografía computada (TC) suele ser negativa durante las primeras horas del ACV. La imagen por resonancia magnética nuclear tiene más sensibilidad, pero no se encuentra fácilmente disponible. Estas limitaciones destacan aún más la importancia del examen físico.
Si al examen, el paciente presenta nivel de conciencia deprimido, vómitos, cefalea intensa, tratamiento con anticoagulantes, presión arterial sistólica > 220 mm Hg, y glucemia >170 mg/dL (9,4 mmol/L) en un paciente no diabético, existen grandes posibilidades que tenga un ACV hemorrágico.
Respecto a la ubicación de la lesión y la identificación de la arteria responsable ocluida, la figura es una síntesis de los síntomas de cada síndrome y la correspondiente lesión anatómica y vascular.
Saludos Cordiales
Dr. José Manuel Ferrer Guerra
Diagnóstico precoz del ACV
A pesar de las técnicas no invasivas, el examen clínico del paciente es más importante que nunca porque actualmente se dispone de enfoques terapéuticos para el tratamiento y la prevención.
La evaluación rápida del paciente con síntomas neurológicos comienza en el lugar donde se lo encuentra y es realizada por los paramédicos o el médico de primeros auxilios. La rapidez del diagnóstico y las decisiones son importantes porque el cerebro tolera la isquemia grave durante escasos minutos y los beneficios del tratamiento trombolítico, como el activador tisular del plasminógeno (tPA), se reducen sustancialmente cuando se inicia el tratamiento después de las tres horas de transcurridos los primeros síntomas.
Cuando el paciente con ACV ingresa al hospital, un examen neurológico estandarizado junto con estudios por imágenes establece los subgrupos de pacientes que pueden beneficiarse con tratamiento trombolítico o empeorar con dicho tratamiento.
Precisión del diagnóstico
Estudios de cohorte prospectivos determinaron que la presencia de cualquiera de los tres signos: paresia facial, limitación o falta de movimiento de un brazo y disartria o afasia, son los más útiles para diagnosticar ACV. La sensibilidad de uno de estos signos es del 100% y la especificidad es del 88%. Estos signos tienen particular importancia cuando el paciente es > 45 años, no tiene antecedentes de convulsiones, los síntomas tienen < 24 horas de duración, el paciente no estaba postrado ni en silla de ruedas y la glucemia es entre 60 y 400 mg/dl. La confusión diagnóstica se puede hacer con: convulsiones, estados de confusión, síncope, toxinas, tumores y hematoma subdural.
Isquemia cerebral transitoria
La isquemia cerebral transitoria (ICT) se define como un déficit neurológico focal que persiste por menos de 24 horas. Debido a que la mayoría de las ICT duran menos de 4 horas, el diagnóstico se basa sobre el interrogatorio y menos en signos clínicos. La importancia de la ICT es que tiene alto valor pronóstico de un futuro ACV a corto o largo plazo. En un estudio sobre 1707 pacientes evaluados en servicios de emergencia con el diagnóstico de ICT, 5,3% tuvieron ACV dentro de las 48 horas y 10,5% lo tuvieron dentro de los 90 días.
Precisión del diagnóstico y localización cerebral de la lesión
Los médicos deben tratar de definir si un ACV es hemorrágico o no, ya que el tratamiento es totalmente diferente para cada uno. La tomografía computada (TC) suele ser negativa durante las primeras horas del ACV. La imagen por resonancia magnética nuclear tiene más sensibilidad, pero no se encuentra fácilmente disponible. Estas limitaciones destacan aún más la importancia del examen físico.
Si al examen, el paciente presenta nivel de conciencia deprimido, vómitos, cefalea intensa, tratamiento con anticoagulantes, presión arterial sistólica > 220 mm Hg, y glucemia >170 mg/dL (9,4 mmol/L) en un paciente no diabético, existen grandes posibilidades que tenga un ACV hemorrágico.
Respecto a la ubicación de la lesión y la identificación de la arteria responsable ocluida, la figura es una síntesis de los síntomas de cada síndrome y la correspondiente lesión anatómica y vascular.
Saludos Cordiales
Dr. José Manuel Ferrer Guerra
6/6/06
Nueva estrategia para proteger el corazón
Pequeñas reduccionesde los factores de riesgo, sostenidas en el tiempo, resultan más efectivas que los cambios drásticos
Un descenso del 10% del peso corporal basta para bajar un 50% los niveles de glucemia en ayunas
Reducir los factores de riesgo permitedisminuirhasta un 85% el peligrode infarto
PARIS.- En el mundo de hoy, una de cada tres personas muere por enfermedades cardiovasculares. Hay 200 millones de diabéticos -la mayoría, con diabetes tipo II- y se espera que dentro de dos décadas ese número alcance los 333 millones (sólo entre 1997 y 2003 los casos crecieron un 170%). Hasta ahora estos cuadros se trataban como dos entidades diferentes, pero los médicos parecen haber encontrado un eslabón que los une: la obesidad abdominal.
La imagen que surge de estudios realizados durante los últimos cinco años está impulsando un giro copernicano en la prevención de ambas patologías. Una de las nuevas máximas que guía a los especialistas es que aun ligeras distorsiones de los parámetros metabólicos normales pueden prenunciar un desastre, y otra, que un pequeño descenso en todos los factores de riesgo es mejor que una disminución drástica en uno solo.
Es más, la clave del rompecabezas cardiometabólico, aseguran, es la grasa visceral: están viendo que no sólo importa la cantidad de grasa que tenga una persona (algo que se mide con el índice de masa corporal, dividiendo el peso por el cuadrado de la altura), sino dónde está ubicada (se mide la circunferencia de la cintura); es decir, una persona flaca, si tiene panza, puede tener alto riesgo cardíaco. La buena noticia es que incluso una modesta reducción de la adiposidad intraabdominal puede alejar drásticamente el peligro.
Factores modificables
Las estrellas de Roland Garros que por estos días se alojan en el Hotel Hilton, de la calle Courcelles, son jóvenes, delgados y atléticos. No son ellos los que preocupan a los destacados especialistas que se reunieron allí en el Primer Encuentro Internacional de Medios "Pintando el Cuadro del Riesgo Metabólico", que acaba de finalizar, sino el resto de los mortales.
Y el mensaje que quieren comunicar no admite confusiones: más del 90% del riesgo cardiometabólico (es decir, de desarrollar enfermedades cardiovasculares y diabetes) depende de factores modificables: como el hábito de fumar, niveles aumentados de triglicéridos en la sangre, hipertensión, resistencia a la insulina, niveles elevados de colesterol "malo" (LDL) y bajos de colesterol "bueno" (HDL), consumo de frutas, verduras y alcohol, altos niveles de glucosa en sangre, obesidad abdominal.
"Por ejemplo, hay una relación directa entre el número de cigarrillos que fuma una persona o el nivel de dislipidemia, y su riesgo cardiometabólico -afirmó el cardiólogo Nicolas Danchin, jefe del Departamento de Enfermedades Coronarias y Terapia Intensiva del Hospital Europeo Georges Pompidou-. Si una persona no fuma, su riesgo de padecer un infarto desciende un 65%; pero si además de no fumar, come frutas, hace actividad física y toma alcohol moderadamente, esa reducción asciende a un 85 por ciento." Es lo que muestra el estudio Interheart, realizado en casi 30.000 personas de 52 países.
Pero tal vez lo más preocupante es que, aunque cuentan con armamento farmacológico para proteger al 50% de los pacientes, hay otro 50% que sigue muriendo prematuramente, aunque se lo trate con óptimos programas de medicación.
"Había que encontrar mejores marcadores para evaluar el riesgo cardiometabólico ", afirmó el doctor Jean-Pierre Després, director de investigaciones del Hospital Laval, de Quebec, Canadá. Y lo que hallaron, según Després, es que tener una cintura aumentada (más de 80 cm en las mujeres y 90 centímetros en los hombres) y niveles elevados de triglicéridos condicionan un 80% del aumento de riesgo.
El estudio International Day for the Evaluation of Abdominal Obesity (IDEA) evaluó la prevalencia de obesidad abdominal en más de 177.345 personas de 63 países y confirmó que una cintura aumentada está asociada con enfermedad cardiovascular, no importa cuál sea la edad ni el índice de masa corporal del individuo. Cada incremento de 14 cm en los hombres y 14,9 cm en las mujeres implica la posibilidad de que una persona desarrolle esta patología del 21 al 40 por ciento.
La cintura es la clave
Todo indica que la cintura es el indicador clave. Pero los otros factores también cuentan, y lo que los médicos están comprobando es que el riesgo cardiometabólico aumenta notablemente con cada alteración que se agrega: "Los factores de riesgo no se suman -afirmó el doctor Philippe Gabriel Steg, profesor de cardiología de la Universidad París VII y miembro del comité editorial del European Heart Journal-, se multiplican. Esto explica por qué incluso valores fronterizos de los parámetros de riesgo pueden hacer sonar las señales de alarma. Al mismo tiempo, correcciones pequeñas, pero sostenidas, tienen enormes efectos benéficos".
David Haslam, director clínico del National Obesity Forum, de Gran Bretaña, presentó una serie de casos que prueban este concepto. Con una disminución de un 10% del peso, aseguró, se logra un descenso de hasta un 50%, por ejemplo, en los valores de glucemia en ayunas, uno de los indicadores de diabetes.
"Claramente, el factor central tanto de las cardiopatías como de la diabetes tipo II es la grasa abdominal; ésta causa los cambios metabólicos que producen ambas enfermedades", afirmó Haslam.
Enfatizó Després: "En nuestro hospital, cuando vemos que los médicos caminan con un estetoscopio colgando alrededor del cuello, les sugerimos que lo reemplacen por una cinta métrica".
Por Nora Bär
Enviada especial
Link corto: http://www.lanacion.com.ar/811636
Un descenso del 10% del peso corporal basta para bajar un 50% los niveles de glucemia en ayunas
Reducir los factores de riesgo permitedisminuirhasta un 85% el peligrode infarto
PARIS.- En el mundo de hoy, una de cada tres personas muere por enfermedades cardiovasculares. Hay 200 millones de diabéticos -la mayoría, con diabetes tipo II- y se espera que dentro de dos décadas ese número alcance los 333 millones (sólo entre 1997 y 2003 los casos crecieron un 170%). Hasta ahora estos cuadros se trataban como dos entidades diferentes, pero los médicos parecen haber encontrado un eslabón que los une: la obesidad abdominal.
La imagen que surge de estudios realizados durante los últimos cinco años está impulsando un giro copernicano en la prevención de ambas patologías. Una de las nuevas máximas que guía a los especialistas es que aun ligeras distorsiones de los parámetros metabólicos normales pueden prenunciar un desastre, y otra, que un pequeño descenso en todos los factores de riesgo es mejor que una disminución drástica en uno solo.
Es más, la clave del rompecabezas cardiometabólico, aseguran, es la grasa visceral: están viendo que no sólo importa la cantidad de grasa que tenga una persona (algo que se mide con el índice de masa corporal, dividiendo el peso por el cuadrado de la altura), sino dónde está ubicada (se mide la circunferencia de la cintura); es decir, una persona flaca, si tiene panza, puede tener alto riesgo cardíaco. La buena noticia es que incluso una modesta reducción de la adiposidad intraabdominal puede alejar drásticamente el peligro.
Factores modificables
Las estrellas de Roland Garros que por estos días se alojan en el Hotel Hilton, de la calle Courcelles, son jóvenes, delgados y atléticos. No son ellos los que preocupan a los destacados especialistas que se reunieron allí en el Primer Encuentro Internacional de Medios "Pintando el Cuadro del Riesgo Metabólico", que acaba de finalizar, sino el resto de los mortales.
Y el mensaje que quieren comunicar no admite confusiones: más del 90% del riesgo cardiometabólico (es decir, de desarrollar enfermedades cardiovasculares y diabetes) depende de factores modificables: como el hábito de fumar, niveles aumentados de triglicéridos en la sangre, hipertensión, resistencia a la insulina, niveles elevados de colesterol "malo" (LDL) y bajos de colesterol "bueno" (HDL), consumo de frutas, verduras y alcohol, altos niveles de glucosa en sangre, obesidad abdominal.
"Por ejemplo, hay una relación directa entre el número de cigarrillos que fuma una persona o el nivel de dislipidemia, y su riesgo cardiometabólico -afirmó el cardiólogo Nicolas Danchin, jefe del Departamento de Enfermedades Coronarias y Terapia Intensiva del Hospital Europeo Georges Pompidou-. Si una persona no fuma, su riesgo de padecer un infarto desciende un 65%; pero si además de no fumar, come frutas, hace actividad física y toma alcohol moderadamente, esa reducción asciende a un 85 por ciento." Es lo que muestra el estudio Interheart, realizado en casi 30.000 personas de 52 países.
Pero tal vez lo más preocupante es que, aunque cuentan con armamento farmacológico para proteger al 50% de los pacientes, hay otro 50% que sigue muriendo prematuramente, aunque se lo trate con óptimos programas de medicación.
"Había que encontrar mejores marcadores para evaluar el riesgo cardiometabólico ", afirmó el doctor Jean-Pierre Després, director de investigaciones del Hospital Laval, de Quebec, Canadá. Y lo que hallaron, según Després, es que tener una cintura aumentada (más de 80 cm en las mujeres y 90 centímetros en los hombres) y niveles elevados de triglicéridos condicionan un 80% del aumento de riesgo.
El estudio International Day for the Evaluation of Abdominal Obesity (IDEA) evaluó la prevalencia de obesidad abdominal en más de 177.345 personas de 63 países y confirmó que una cintura aumentada está asociada con enfermedad cardiovascular, no importa cuál sea la edad ni el índice de masa corporal del individuo. Cada incremento de 14 cm en los hombres y 14,9 cm en las mujeres implica la posibilidad de que una persona desarrolle esta patología del 21 al 40 por ciento.
La cintura es la clave
Todo indica que la cintura es el indicador clave. Pero los otros factores también cuentan, y lo que los médicos están comprobando es que el riesgo cardiometabólico aumenta notablemente con cada alteración que se agrega: "Los factores de riesgo no se suman -afirmó el doctor Philippe Gabriel Steg, profesor de cardiología de la Universidad París VII y miembro del comité editorial del European Heart Journal-, se multiplican. Esto explica por qué incluso valores fronterizos de los parámetros de riesgo pueden hacer sonar las señales de alarma. Al mismo tiempo, correcciones pequeñas, pero sostenidas, tienen enormes efectos benéficos".
David Haslam, director clínico del National Obesity Forum, de Gran Bretaña, presentó una serie de casos que prueban este concepto. Con una disminución de un 10% del peso, aseguró, se logra un descenso de hasta un 50%, por ejemplo, en los valores de glucemia en ayunas, uno de los indicadores de diabetes.
"Claramente, el factor central tanto de las cardiopatías como de la diabetes tipo II es la grasa abdominal; ésta causa los cambios metabólicos que producen ambas enfermedades", afirmó Haslam.
Enfatizó Després: "En nuestro hospital, cuando vemos que los médicos caminan con un estetoscopio colgando alrededor del cuello, les sugerimos que lo reemplacen por una cinta métrica".
Por Nora Bär
Enviada especial
Link corto: http://www.lanacion.com.ar/811636
1/6/06
La enfermedad cerebrovascular se erige como la primera causa de muerte en mujeres
La demora en el diagnóstico, por malinterpretar o minimizar los síntomas o por la decisión de la paciente de posponer la visita a su médico, contribuye a que, muchas veces, poco se pueda hacer, de acuerdo con cardiólogos participantes en la Reunión Anual de la Sección de Cardiología Clínica y Extrahospitalaria de la SEC
Redacción, Cádiz.- Además de los factores clásicos de riesgo, como son la hipertensión arterial, la hipercolesterolemia, la diabetes, el sedentarismo, la edad avanzada, el tabaquismo y la obesidad, en las mujeres existen otras circunstancias relacionadas con la aparición de la enfermedad cardiovascular, entre las que figuran patologías asociadas, como la artritis reumatoide; etapas de la vida, como la menopausia; condiciones físicas, como el embarazo; el hecho de que existen más mujeres hipertensas que hombres y que la esperanza de vida femenina es superior.
Por otra parte, la demora en el diagnóstico, por malinterpretar o minimizar los síntomas o por la decisión de la paciente de posponer la visita a su médico, y el retraso en la adopción de un tratamiento, contribuye a que muchas veces, cuando se detecta la enfermedad, queda poco por hacer.
Éstas son algunas de las cuestiones que destacados cardiólogos abordaron en la mesa redonda “Enfermedad cardiovascular en la mujer: del daño endotelial a la disfunción ventricular”, en el marco de la Reunión Anual de la Sección de Cardiología Clínica y Extrahospitalaria de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), celebrada recientemente en el Puerto de Santa María (Cádiz).
Según apunta la moderadora de la mesa redonda, la doctora Milagros Pedreira, del Servicio de Cardiología y Unidad Coronaria del Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela, “aunque en los últimos años estamos asistiendo a una prolongación de la esperanza de vida en las mujeres, a medida que vayamos envejeciendo las que nos hemos incorporado al mundo laboral, con el estrés añadido de las responsabilidades domésticas y familiares, con el mayor índice actual de fumadoras y la creciente adopción de hábitos alimenticios perjudiciales, es probable que la tendencia de la esperanza de vida no siga aumentando como hasta ahora”.
“En las mujeres más jóvenes -prosigue la doctora Pedreira, que preside el Grupo de Trabajo de Enfermedad Cardiovascular en la Mujer dentro de la SEC- el tabaco puede considerarse el principal factor de riesgo. Por otra parte, el tratamiento hormonal después de la menopausia para disminuir el riesgo cardiovascular ha demostrado ser perjudicial en algunos casos”.
Mientras que la enfermedad cerebrovascular -que puede manifestarse por trombosis, embolias cerebrales, etc.- es la primera causa de muerte en mujeres, la cardiopatía isquémica y el infarto de miocardio afectan más a los hombres. El infarto, cuando se da en mujeres, suelen sufrirlo las de más edad, especialmente las diabéticas e hipertensas, y presenta peor pronóstico en ellas que en el género masculino.
La especialista en Cardiología explica que la Sociedad Española de Cardiología ha puesto en marcha un proyecto para elaborar un Registro Nacional con objeto de conocer con exactitud la incidencia de la enfermedad cardiovascular en España ampliando los datos parciales que actualmente se tienen sobre factores de riesgo, ingresos por infarto, mortalidad cardiovascular global, etc.
Daño cardiovascular
En la citada mesa redonda sobre “Enfermedad cardiovascular en la mujer: del daño endotelial a la disfunción ventricular” se habló del daño endotelial, la hipertensión arterial, la disfunción ventricular y la insuficiencia cardiaca, aspectos interrelacionados que intervienen en la evolución del daño cardiovascular.
Al respecto, la doctora Pedreira indica que “la primera estructura que se lesiona cuando se produce un daño cardiovascular es el endotelio vascular o capa interna de las arterias”, y añade que “dicha lesión viene favorecida por factores de riesgo como la hipercolesterolemia o la diabetes, a lo que hay que añadir una gran influencia de los cambios hormonales en las mujeres menopáusicas”.
Por otra parte, la hipertensión arterial, es muy frecuente en las mujeres y se puede considerar causa y también consecuencia del daño vascular. De hecho se encuentra, junto al infarto de miocardio y las enfermedades valvulares entre las causas más frecuentes de disfunción ventricular en las mujeres, causando afectación estructural del músculo cardiaco que se traduce en síntomas de fatiga, retención de líquidos, etc.
El riesgo en las mujeres mayores
“Con la edad aumentan las cifras tensionales y en las décadas avanzadas de la vida hay más mujeres hipertensas que hombres hipertensos”, afirmó el doctor Isidoro González Maqueda, jefe de la Sección de Cardiología del Hospital La Paz de Madrid, que centró su exposición en la hipertensión en la mesa redonda. Este especialista apuntó que “la presión de pulso o diferencial aumentada –mayor al 50 por ciento de la presión sistólica- se asocia a una rápida progresión de la ateromatosis –presencia de placas de colesterol y elementos grasos en las paredes de las arterias- en mujeres ancianas”.
“Una constante en todos los países -añade el doctor González Maqueda- es que las hipertensas se tratan menos y peor, utilizando con menor frecuencia los recursos diagnósticos y terapéuticos más modernos”.
Un dato que evidencia la mayor proporción de mujeres afectadas frente a los hombres, es que “entre los pacientes que ingresan por un Síndrome Coronario Agudo hay más mujeres hipertensas que hombres hipertensos, y también hay diferencias no razonables en la elección del tratamiento antihipertensivo”. El doctor González Maqueda señaló que, “en términos absolutos, el beneficio que reporta a las mujeres el tratamiento antihipertensivo se ha observado fundamentalmente en la incidencia del ictus, mientras que en los hombres dicho tratamiento previene tanto episodios coronarios, como el ictus”.
Insuficiencia cardíaca
Otro de los ponentes, el doctor Alfonso Varela Román, adjunto del Servicio de Cardiología y Unidad Coronaria del Hospital Clínico de Santiago de Compostela, en su abordaje de la insuficiencia cardíaca, explicó que ésta “es la fase final de múltiples enfermedades cardíacas y que, aunque es más frecuente en los varones, existe un mayor número de casos de mujeres, debido especialmente a la mayor longevidad de ellas”.
Los datos disponibles sobre la incidencia de la insuficiencia cardiaca sugieren que afecta aproximadamente al 1 por ciento de la población mayor de 40 años, aumentando este porcentaje con la edad hasta situarse en el 10 por ciento en sujetos mayores de 70 años. En España la insuficiencia cardiaca es la responsable del 4 por ciento de las muertes en varones y del 8 por ciento en la mujeres. Se trata, en opinión del doctor Varela Román, de una tasa de mortalidad similar o peor a la que representan muchos tipos de cáncer”.
“En la mujer, la insuficiencia cardiaca aparece a edades más avanzadas que en los varones y es más frecuentemente de origen hipertensivo; la obesidad y el sedentarismo juegan también un papel muy importante”, señaló este especialista.
El cardiólogo recordó, en la línea de lo expuesto por sus colegas, que “el control de la hipertensión arterial y de otros factores de riesgo cardiovascular, como la diabetes mellitus, la obesidad, y el tabaquismo, son aspectos fundamentales en la prevención de la insuficiencia cardiaca, siendo su importancia, si cabe, mayor en la mujer”.
http://www.azprensa.com
Redacción, Cádiz.- Además de los factores clásicos de riesgo, como son la hipertensión arterial, la hipercolesterolemia, la diabetes, el sedentarismo, la edad avanzada, el tabaquismo y la obesidad, en las mujeres existen otras circunstancias relacionadas con la aparición de la enfermedad cardiovascular, entre las que figuran patologías asociadas, como la artritis reumatoide; etapas de la vida, como la menopausia; condiciones físicas, como el embarazo; el hecho de que existen más mujeres hipertensas que hombres y que la esperanza de vida femenina es superior.
Por otra parte, la demora en el diagnóstico, por malinterpretar o minimizar los síntomas o por la decisión de la paciente de posponer la visita a su médico, y el retraso en la adopción de un tratamiento, contribuye a que muchas veces, cuando se detecta la enfermedad, queda poco por hacer.
Éstas son algunas de las cuestiones que destacados cardiólogos abordaron en la mesa redonda “Enfermedad cardiovascular en la mujer: del daño endotelial a la disfunción ventricular”, en el marco de la Reunión Anual de la Sección de Cardiología Clínica y Extrahospitalaria de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), celebrada recientemente en el Puerto de Santa María (Cádiz).
Según apunta la moderadora de la mesa redonda, la doctora Milagros Pedreira, del Servicio de Cardiología y Unidad Coronaria del Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela, “aunque en los últimos años estamos asistiendo a una prolongación de la esperanza de vida en las mujeres, a medida que vayamos envejeciendo las que nos hemos incorporado al mundo laboral, con el estrés añadido de las responsabilidades domésticas y familiares, con el mayor índice actual de fumadoras y la creciente adopción de hábitos alimenticios perjudiciales, es probable que la tendencia de la esperanza de vida no siga aumentando como hasta ahora”.
“En las mujeres más jóvenes -prosigue la doctora Pedreira, que preside el Grupo de Trabajo de Enfermedad Cardiovascular en la Mujer dentro de la SEC- el tabaco puede considerarse el principal factor de riesgo. Por otra parte, el tratamiento hormonal después de la menopausia para disminuir el riesgo cardiovascular ha demostrado ser perjudicial en algunos casos”.
Mientras que la enfermedad cerebrovascular -que puede manifestarse por trombosis, embolias cerebrales, etc.- es la primera causa de muerte en mujeres, la cardiopatía isquémica y el infarto de miocardio afectan más a los hombres. El infarto, cuando se da en mujeres, suelen sufrirlo las de más edad, especialmente las diabéticas e hipertensas, y presenta peor pronóstico en ellas que en el género masculino.
La especialista en Cardiología explica que la Sociedad Española de Cardiología ha puesto en marcha un proyecto para elaborar un Registro Nacional con objeto de conocer con exactitud la incidencia de la enfermedad cardiovascular en España ampliando los datos parciales que actualmente se tienen sobre factores de riesgo, ingresos por infarto, mortalidad cardiovascular global, etc.
Daño cardiovascular
En la citada mesa redonda sobre “Enfermedad cardiovascular en la mujer: del daño endotelial a la disfunción ventricular” se habló del daño endotelial, la hipertensión arterial, la disfunción ventricular y la insuficiencia cardiaca, aspectos interrelacionados que intervienen en la evolución del daño cardiovascular.
Al respecto, la doctora Pedreira indica que “la primera estructura que se lesiona cuando se produce un daño cardiovascular es el endotelio vascular o capa interna de las arterias”, y añade que “dicha lesión viene favorecida por factores de riesgo como la hipercolesterolemia o la diabetes, a lo que hay que añadir una gran influencia de los cambios hormonales en las mujeres menopáusicas”.
Por otra parte, la hipertensión arterial, es muy frecuente en las mujeres y se puede considerar causa y también consecuencia del daño vascular. De hecho se encuentra, junto al infarto de miocardio y las enfermedades valvulares entre las causas más frecuentes de disfunción ventricular en las mujeres, causando afectación estructural del músculo cardiaco que se traduce en síntomas de fatiga, retención de líquidos, etc.
El riesgo en las mujeres mayores
“Con la edad aumentan las cifras tensionales y en las décadas avanzadas de la vida hay más mujeres hipertensas que hombres hipertensos”, afirmó el doctor Isidoro González Maqueda, jefe de la Sección de Cardiología del Hospital La Paz de Madrid, que centró su exposición en la hipertensión en la mesa redonda. Este especialista apuntó que “la presión de pulso o diferencial aumentada –mayor al 50 por ciento de la presión sistólica- se asocia a una rápida progresión de la ateromatosis –presencia de placas de colesterol y elementos grasos en las paredes de las arterias- en mujeres ancianas”.
“Una constante en todos los países -añade el doctor González Maqueda- es que las hipertensas se tratan menos y peor, utilizando con menor frecuencia los recursos diagnósticos y terapéuticos más modernos”.
Un dato que evidencia la mayor proporción de mujeres afectadas frente a los hombres, es que “entre los pacientes que ingresan por un Síndrome Coronario Agudo hay más mujeres hipertensas que hombres hipertensos, y también hay diferencias no razonables en la elección del tratamiento antihipertensivo”. El doctor González Maqueda señaló que, “en términos absolutos, el beneficio que reporta a las mujeres el tratamiento antihipertensivo se ha observado fundamentalmente en la incidencia del ictus, mientras que en los hombres dicho tratamiento previene tanto episodios coronarios, como el ictus”.
Insuficiencia cardíaca
Otro de los ponentes, el doctor Alfonso Varela Román, adjunto del Servicio de Cardiología y Unidad Coronaria del Hospital Clínico de Santiago de Compostela, en su abordaje de la insuficiencia cardíaca, explicó que ésta “es la fase final de múltiples enfermedades cardíacas y que, aunque es más frecuente en los varones, existe un mayor número de casos de mujeres, debido especialmente a la mayor longevidad de ellas”.
Los datos disponibles sobre la incidencia de la insuficiencia cardiaca sugieren que afecta aproximadamente al 1 por ciento de la población mayor de 40 años, aumentando este porcentaje con la edad hasta situarse en el 10 por ciento en sujetos mayores de 70 años. En España la insuficiencia cardiaca es la responsable del 4 por ciento de las muertes en varones y del 8 por ciento en la mujeres. Se trata, en opinión del doctor Varela Román, de una tasa de mortalidad similar o peor a la que representan muchos tipos de cáncer”.
“En la mujer, la insuficiencia cardiaca aparece a edades más avanzadas que en los varones y es más frecuentemente de origen hipertensivo; la obesidad y el sedentarismo juegan también un papel muy importante”, señaló este especialista.
El cardiólogo recordó, en la línea de lo expuesto por sus colegas, que “el control de la hipertensión arterial y de otros factores de riesgo cardiovascular, como la diabetes mellitus, la obesidad, y el tabaquismo, son aspectos fundamentales en la prevención de la insuficiencia cardiaca, siendo su importancia, si cabe, mayor en la mujer”.
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